Tony Scott

20 Ago Tony Scott

No tenía pensado publicar nada hoy, pero al enterarme de la desgraciada noticia del suicidio de Tony Scott me ha parecido justo rendirle aquí un pequeño (y sencillo) homenaje.

Tal vez la gran cruz de Tony haya sido el eterno SanBenito de “El hermano de Ridley Scott”. Siempre es duro que te comparen todo el tiempo con un familiar cercano, como si tu techo fuese siempre el suelo del hermano brillante, como si dando lo mejor de ti mismo sólo alcanzases el nivel más ralo de ese familiar preminente.

Precisamente en el caso de los Scott esto era particularmente injusto; Ridley ha dado momentos inolvidables a la Historia del cine y títulos que permanecerán en el recuerdo de la humanidad por generaciones, de acuerdo, pero también a firmado alguno de los bodrios más impresionantes de los últimos 25 años (Que no se me indigne nadie, porque títulos como “Un buen año”, “La Teninete O´Neil”, “Hanibal” o “1492″ son indefendibles). Como muchos otros genios, Ridley es incostante, su obra está llena de altibajos y dio lo mejor de sí mismo en sus primeros años de carrera. El navío que es su obra cinematográfica a veces navega veloz y poderoso pero en otras muchas ocasiones marcha a la deriba, sin rumbo ni propósito (Conste que hago el símil marítimo acordádome de otro de sus pestiños: “Tormenta blanca”).

Tony sin embargo era todo lo contrario: un director no tan brillante quizá, pero terriblemente constante y eficaz en todos sus trabajos. Tony era de esos directores de encargo que aseguran salvar el guión más mediocre, de esos nombres que hacen que un productor vea viable sacar adelante una historia flojucha con una estrella de renombre y que la ceja hasta entonces arqueada y desconfiada se relajase mientras de su boca se desprende un relajado: “Ah bueno, si lo dirije Tony le doy luz verde”.

En el Hollywood de los grandes estudios y la edad dorada, Tony hubiera sido la estrella absoluta porque era el realizador ideal, ese todoterreno que igual le mete mano a un trhiller que a un drama histórico, a una de gansters que a una de deportes… En su lista de películas filmadas quizá no podamos encontrar un “Alien”, un “Blade Runner” o un “Thelma y Luise” (recalco el quizás porque para muchos de nosotros tiene títulos igual de buenos), pero uno tiene la garantía de que cuando está sentado en su sillón viendo los créditos de arranque de una peli y lee aquello de “A film by Tony Scott” sabes con seguridad que pasarás un par de horas de lo más entretenidas… y eso para un espectador es mucho.

Tampoco me voy a poner a defender lo indefendible, Tony tiene pelis malas, alguna muy mala; pero todas están resueltas de forma eficaz y no pretenden nada más que entretener a un espectador medio que sigue siendo el mayoritario y el que hace moverse a la industria. La diferencia entre los bodrios de Ridley y los de Tony es que los de éste último no se vendían como “la última pelicula del gran genio”, en eso tengo que reconocer que salió ganando.

Y entre tanto thriller de espías y tiroteos, el bueno de Tony se las apañó para rodar alguna pequeña joya del séptimo arte. “El ansía” es para muchos un título experimental y precioso, “Top Gun” es todo un icono generacional para los jóvenes de los 80 y “Amor a quemarropa” es una delicia para los sentidos en la que consigue plasmar en imágenes todo el potencial del guión de Quentín Tarantino.

Precisamente con ésta última película me gustaría cerrar el post. Aunque la narración y los diálogos le vienen dados, Tony es capaz de zambullirse en la historia de Clarence y Alabama y mostrarla en imágenes tan bien como, al menos para mi, era posible. Vista la trayectoria posterior de Tarantino y todo lo que ha sido capaz de aportar visualmente a sus películas, puede pensarse que él mismo hubiera dirigido mejor la cinta… pero yo tengo serias dudas sobre ello. Amor a quemarropa tiene atmósfera, tiene color, tiene gusto y pasión en cada uno de sus planos y eso es algo que nunca nadie podrá quitarle al bueno de Tony.

Al menos por esa vez, la gente tendría que haber hablado de Ridley como “el hermano de Tony Scott”.

Os dejo con una de las mejores escenas de la película, una de esas secuencias de humo de cigarro y conversación inteligente que se queda grabada en la retina de todo el que la ve.

Hasta que nos leamos.

Javi Jáuregui
javijauregui@gmail.com
No Comments
  • Juandodd
    Posted at 15:25h, 23 agosto

    Esta escena tendría que estudiarse en los colegios.